• Dr.Desastre

Definición de entereza y una maquina



Como alguno de vosotros sabéis, esta semana, la anterior y las dos siguientes (un mes) estoy de prácticas en nefrología (especialidad que estudia y trata el riñón). Para qué os voy a engañar, no es una especialidad que me llame para nada la atención, pero después de una semana y un día en este servicio le he sabido encontrar la moraleja (recordad que siempre lo intento en cada asignatura y sus prácticas).


Estoy seguro que muchos de vosotros ha oído la palabra “hemodiálisis”, yo en estas prácticas la escucho a diario. Para que os hagáis una idea, consiste en conectar al enfermo a una máquina que funciona a modo de riñón mecánico, pues el que tiene el paciente es insuficiente para su cometido. Yo sabía en lo que consistía pero nunca había visto a nadie “enchufado” a tan monstruoso aparatejo y la verdad es que impresiona. Aunque lo que más causa aprensión es imaginarte a ti mismo teniendo que pasar por ello, y entonces es cuando te empiezas a poner en el lugar del paciente. Te tienen que meter unos “tubitos” bien por la barriga o bien por el brazo para que tu sangre pase por el circuito de la mencionada máquina y así ser tratada. Según la pauta, el enfermo tiene que pasar varias horas en compañía del riñón mecánico.


Me fijé en un caso en concreto. Bajamos a la zona de hemodiálisis y fuimos a visitar a una mujer de 70 años con insuficiencia renal crónica que llevaba en lista de espera creo recordar que unos 2-3 años, casi los mismos que llevaba pasando día a día con la mencionada máquina. Quiero recalcar que día a día, su riñón no filtraba bien la sangre y era necesario que se conectara unas cuantas horas para poder seguir viviendo. Y diréis, pues otra paciente más de las miles que tiene que haber en estas circunstancias, pues sí, pero seguro que no hay muchas con su mentalidad. Imaginad o, mejor dicho, poneos en situación, hace dos años o más os dijeron que uno de vuestros riñones era inservible, insuficiente, casi inexistente y acto seguido os pautan que una parte de vuestro día a día vas a tener que estar sentadito en un sillón, para poder sobrevivir.


¿Cómo os sentís? A mí me entra agobio y tristeza de imaginarlo, pero, esta mujer todo lo contrario. Nos recibió con una sonrisa, nos preguntó que qué tal llevábamos la mañana e incluso se permitía el lujo de lanzar algunas bromas. Por contra, el médico y la residente con el que me toca pasar estas prácticas (unos profesionales realmente atentos con los pacientes, muy buenos), le decía a la señora que aún sigue en lista de espera ya que, debido a sus “características especiales” es difícil encontrar un donante totalmente compatible. Tú ahí entiendes el por qué lleva tanto tiempo en lista. Añadían que por supuesto tenía que seguir con la hemodiálisis y con la medicación, vamos, que todo seguía igual. En cambio ella, nos decía que bueno, que hay que mirar hacia adelante, nunca pararse en el camino y no tener esperanza, que estaba convencida que lo bueno estaba por llegar y se curaría con el tan ansiado trasplante. Qué fuerza de voluntad. Se supone que nosotros, los médicos, debemos de transmitir esperanza e ilusión a nuestros pacientes, alentándolos de que se curarán y todo saldrá bien, pero aquella mañana me dio la impresión de que los papeles se habían intercambiado; era la paciente la que parecía animarnos a nosotros, en vez de al contrario. Increíble.


Como digo, llevo casi todas las prácticas viendo a este tipo de pacientes, conectados, esperando, espectantes e impacientes (que no pacientes) ante la llamada de la alegría. Por otra parte, y como casi siempre en medicina, existe la cara de la moneda, que es visitar a los pacientes que sí han encontrado un donante y son trasplantados. Sus caras son totalmente diferentes, con ilusión y con muchas ganas de recuperarse, ya os podéis imaginar que ya os lo pintaré en otro post.

En fin, de nuevo intento mostraros lo crudo de algunas partes de nuestro trabajo. Pero para terminar con una sonrisa, sabed que la mayoría de estos pacientes reciben la recompensa ante tal espera (su riñón) y consiguen mejorar su calidad de vida. Ni que decir queda (y aunque suene a tópico) que, disfrutad, sobre todo disfrutad y sed felices, pues sois “libres” para poder alcanzarlo! Ya me entendéis...