• Dr.Desastre

La primera vacuna de la historia



La historia de la medicina está llena de casualidades, imaginaciones, intuiciones, aventuras y toques, en ocasiones, de ciencia ficción.  Uno de esos interesantes capítulos es el descubrimiento de la primera vacuna, dando origen a la era de la vacunación desde ese mismo momento.  Intrigados, hemos buscado todos los detalles posibles sobre ese importante hecho y nos hemos encontrado con notas curiosas que queremos compartir con vosotros.


Corría el año 1796 cuando el médico británico Edward Jenner inventó la primera vacuna de la historia frente a la enfermedad de la viruela.  Se llegó a ella de una forma casual y tras horas y horas (por no decir días o meses) de elucubraciones.

Toda la historia comienza cuando se observó en las ubres de algunas vacas enrojecimiento (estaban infectadas de viruela) y que los campesinos que trabajaban la leche y con estos animales raramente se ponían enfermos de esta enfermedad cuando había una epidemia de viruela.  A Jenner se le ocurrió la idea de la vacuna, que por cierto, viene del latín "vaccinus-a-um" (que significa vacuno), tras escuchar a una lechera de su pueblo decir: "Yo no cogeré la viruela mala porque ya he cogido la viruela de las vacas".  Seguramente esta mujer no sabía que estaba sentando las bases de algo tan importante hoy día como es la inmunización.


Acto seguido, Edward se puso manos a la obra y lo estudió profundamente.  Trabajando en ello, tomó viruela vacuna (que se ha comprobado en la actualidad que es una variante de la humana) de la mano de una granjera, posteriormente insertó este fluido a través de una inyección en el brazo de un niño de ocho años y se vio que este mostraba síntomas de la infección de viruela vacuna.  El experimento no podía quedar ahí, obviamente, después de que el pequeño se hubiera recuperado completamente de tal enfermedad, Jenner le inyectó infección de viruela humana, pero esta vez, y para asombro de él mismo, el niño no mostró ningún síntoma o signo de enfermedad.


Asombroso, otra vez por una simple casualidad y presunción se llegó a uno de los descubrimientos más importantes en cuanto a medicina se refiere.  Además, este médico rural británico, amante de la naturaleza y un profundo observador, vivió y murió en "el campo", nunca le atrajo la vida urbana.  Después de su famoso invento, como es normal, le ofrecieron trabajar en los mejores laboratorios de Londres, pero él declinó tales propuestas y escribió a un amigo una frase, que siendo sincero, se me ha quedado grabada y no deja de tener razón ni en una sola coma de ella:

"Mi fortuna es suficiente para satisfacer mis deseos.  En cuanto a la fama, ¿qué es la fama? Un peto dorado, siempre atravesado por las flechas de la malignidad"

Edward Jenner.