• Dr.Desastre

Diario de un #2MIR20: Prefacio.



Algunos me lo habéis pedido y aquí está, una especie de "diario" de mi camino hacia el MIR (examen que hacen los médicos para entrar a la especialidad que quieren). No, no voy a tirar de falsa modestia, esto no lo hago al 100% por esas peticiones, sino que en gran parte es una especie de trato que hago contigo. Tú me lees y yo te escribo. Aunque te advierto desde ya que de este trato, yo salgo ganando querido lector.


Como bien sabéis la mayoría, allá por Mayo del año pasado terminé la especialidad (Neumología) y meses antes ya tomé la decisión de que ese no sería un punto y seguido, sino más bien un punto y final (a lo sumo, y aparte). Efectivamente, el texto no siguió hacia convertirme en médico adjunto especialista en neumo sino que decidí volver a luchar por aquella otra especialidad. Si bien es cierto que en los 4 años precedentes había degustado las mieles de ser médico, un néctar tan atractivo como poder tratar con personas, aliviarles, cuidarles, conocer a tu "equipo", cuidar de ellos, participar en ponencias, asistir a congresos, salir después de una guardia, ver amanecer en el hospital, equivocarte, aprender, aprender, aprender, aprender, aprender... Pese a todo ello, osé volver a "empezar de nuevo".


Así, como te digo, en Junio, comencé a estudiar el MIR (con fecha de examen, Febrero de 2019) en una academia para ello (aquí en España serías "hombre muerto" si lo preparases por tu cuenta). Vuelta a la juventud, pensaba, volver a estudiar unas 9-12 horas diarias (domingos no inclusive), leer, subrayar, memorizar. ¡Qué valiente! Exclamaron algunos. Otros, ¿Qué necesidad tienes?. Y mientras comenzaba a calentar neuronas (o a achicharrarlas), no paraban de llegarme "noticias" de posibles ofertas de trabajo. Una de ellas incluso desde mi Almería. ¿12 horas de estudio diarias hasta Febrero en vez de un contrato de médico adjunto en mi casa? Em, sí. Así fue.

Y haciendo caso omiso a toda posible distracción, tragando días cuan calendario inmisericorde llegó Febrero. Llegó con tanta fuerza que en 5 horas me pisoteó, a mí y mi ilusión, tan fuerte que ni el mejor de los contendientes se habría levantado de la lona. Tan noqueada mi nota, que no servía de pasaporte a mi objetivo. Tan derrotado, que el primer pensamiento fue "inútil".


Lloré. Y lo peor, hice llorar a la persona más importante ahora mismo. Una especie de shock a Las Vegas, como el jugador que en vez de apostar al rojo o al negro, va sólo y exclusivamente a por el verde. Verde creencia. Esta conmoción me duró unos dos meses. No fueron nada fáciles, como te puedes imaginar... me harté de leer comentarios por redes asociales sobre el examen, que si había sido el más difícil en años, que si aquella no paraba de quejarse pero luego ¡voilá! sacó una notaza, que si una profesora de primaria (¿primaria? Sí, de primaria) decía que no entendía esas quejas, que sus alumnos aceptaban todo tipo de exámenes sin rechistar (¿Perdón?), que si una "compañera" decía que a todos se nos olvidaría el examen en el viaje a la India que hacíamos post examen, que 14.000 personas presentadas ya eran muchas, que la comisión que había puesto la prueba habría que bla bla bla... Y mientras tanto, cada noche, la orquesta de mi puta mente no para de repetir "inútil". Lo siguiente que repetía durante el día era, "dejémoslo todo". Sí, pensé cosas tan graves (a posteriori ahora lo veo así, en su momento...) como en dejar la medicina y dedicarme a otra cosa. Hervía mi mente y parecía que sólo podía enfriarse dejándolo todo. Era pensar en medicina y sentir, por primera vez en mucho tiempo, ansiedad. Uno de mis miles defectos, es que en el máximum de dolor, siempre tiendo a aislarme, a querer estar sólo, a no dejarme aconsejar y ante todo, no escuchar palabras de consuelo. Soy de los que cree, que uno mismo, sólo, se debe mirar adentro y encontrarse.


Hasta que ves que alguien, llora por no poder cogerte de la mano y acompañarte en esa búsqueda.


Querido lector, en este blog me habrás escuchado deletrear una y otra y otra vez la palabra FAMILIA. Una vez más, la magia de mi entorno, entre abrazos, besos, paseos interminables, llamadas de aliento, voz alzada y cariño, mucho cariño, me sacó de la UCI mental en la que me había metido. ¿Sabéis cuál fue el chasquido a mi futuro? Una conversación en la que les dije a mis padres que aún no sabía lo que iba a hacer o qué decisión tomar y mi padre, con ese tono tajante e impetuoso de siempre, me contestó: ¿Cómo que no sabes lo que vas a hacer? Vas a repetir el MIR de nuevo, y punto.


Y punto. Y gracias.


Así, llegó de nuevo Junio de 2019, cargado de ilusión renovada, fuerzas, (im)paciencia y nuevos manuales de estudio (sí, opté por otra academia...ya saben, si algo no funcionó, algo hay que cambiar) y me puse de nuevo a estudiar. Y ahora te lo puedo contar.


No sé cuál será el epílogo de este diario, pero de lo que sí estoy seguro, es que antes verás mi corazón pararse, que rendirme.


Así que... comenzamos. Road to 25 de Enero, 2020.